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Este blog es un espacio diseñado para los alumnos del nivel medio. Aquí encontrarán programas, contenidos y actividades de la asignatura Historia y Geografía. También podrán acceder a distintos recursos, diarios, películas, videos, textos, música y otros que contextualizan los temas desarrollados en clase.

Prof. Federico Cantó

sábado, 24 de mayo de 2014

MOVIMIENTO OBRERO EN ARGENTINA

LEY DE RESIDENCIA Y DEFENSA SOCIAL

Desde las últimas décadas del siglo XIX irrumpió un nuevo actor social: el movimiento obrero. Su crecimiento derivó de varios factores: los cambios económico sociales, el aporte inmigratorio y las nuevas ideologías que estos aportaron. Lógicamente que tuvieron mayor incidencia en los grandes centros urbanos del litoral, donde el aporte de inmigrantes fue más numeroso. 

Pese a la prosperidad económica del país, la situación de los trabajadores era penosa: excesivas jornadas laborales (hasta 14 horas), salarios muy bajos, pésimas condiciones de higiene y seguridad, trato despótico a los obreros sin reconocerles el más mínimo derecho a reclamar. Las corrientes clasistas internacionalistas como el anarquismo, el socialismo y el sindicalismo fueron las que mayor repercusión tuvieron, aunque sus distintos enfoques para enfrentar el sistema capitalista impedían la tan ansiada unidad sindical. 

Los reclamos de carácter revolucionario, la creciente agitación social y el incremento de las huelgas, alarmaron a la clase dominante que los consideró como “un real peligro social”. En 1902 el Congreso sancionó la Ley Nro. 4144, llamada Ley de Residencia y conocida como Ley Cané por ser Miguel Cané quien la propuso en el Congreso argentino. Sus artículos establecían:

Artículo 1º:
El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida del territorio de la Nación a todo extranjero que haya sido condenado o sea perseguido por los tribunales extranjeros por crímenes o delitos comunes.
Artículo 2º:
El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida de todo extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público.
Artículo 3º:
El Poder Ejecutivo podrá impedir la entrada al territorio de la república a todo extranjero cuyos antecedentes autoricen a incluirlo entre aquellos a que se refieren los artículos anteriores.
Artículo 4º:
El extranjero contra quien se haya decretado la expulsión, tendrá tres días para salir del país, pudiendo el Poder Ejecutivo, como medida de seguridad pública, ordenar su detención hasta el momento del embarque.
Artículo 5º:
Comuníquese al Poder Ejecutivo.

PRIMERAS HUELGAS DEL MOVIMIENTO OBRERO
Con altibajos, las acciones de protesta fueron creciendo mediante manifestaciones multitudinarias o huelgas y la violencia aparecía con creciente frecuencia. El 1 de mayo de 1909 una multitudinaria manifestación obrera fue objeto de una brutal represión policial, cuyo resultado fue de 8 manifestantes muertos y más de 100 heridos. Se llamó a una huelga general que paralizó a la ciudad de buenos Aires por varios días. Pese a que el Presidente había felicitado al jefe de policía coronel Ramón Falcón por su desempeño en la represión, finalmente las autoridades aceptaron negociar. Este hecho se lo conoce como la “semana roja”. 

En noviembre un joven militante anarquista, Simón Radowitzky, asesinó con una bomba a Falcón y su secretario, como un acto reivindicatorio de los obreros muertos en mayo. Este hecho dio pie para una escalada en la represión y persecución al movimiento obrero por parte del poder político.  El 26 de junio de 1910 estalló una bomba de bajo poder (un “petardo”, dijo la prensa anarquista), en el Teatro Colón “el más aristocrático coliseo argentino”. El gobierno oligárquico aprovechó para acelerar el tratamiento en el Congreso de más medidas represivas contra el movimiento obrero. 

Con la excusa del “petardo”, una parte de los diputados, con el apoyo del presidente y los ministros, propuso hacer un tratamiento sobre tablas de este proyecto, para sacar con celeridad un nuevo instrumento represivo. En sólo 48 horas, las cámaras de Diputados discutieron y aprobaron, en general y particular, la Ley 7029, sancionada el 28 de junio, la “Ley de Defensa Social”.

Esta infame ley constaba de 34 artículos. La primera parte estaba dedicada a prohibir la entrada a los que tuvieran condenas por delitos comunes y a los anarquistas y “demás personas que profesan o preconizan el ataque por cualquier medio de fuerza o violencia contra los funcionarios públicos o los gobiernos en general; o contra las instituciones de la sociedad”. Luego extendía esta medida a los deportados, y establecía penas hasta para los “empresarios de transporte, capitanes o agentes que ingresaran al país ácratas”. Dos cuestiones fundamentales fueron la prohibición de reuniones o manifestaciones obreras sin autorización policial, y el castigo por “apología” a la difusión de los delitos estipulados por dicha ley, de un hecho o autor por medio escrito, verbal o impreso. El artículo 25 reprimía a quien “por medio de insultos, amenazas o violencias intentase inducir a una persona a tomar parte de una huelga o boicot”.


La corriente sindicalista afirmó que se pisotearon “La ley, el derecho, la democracia; todos los sacrosantos principios burgueses” (La Acción Socialista, 20/7/1910), y agregaron “No necesitamos revelar la barbarie que encierra la ley aprobada. Basta solamente tener en cuenta que constituye un atentado brutal que la autocracia argentina, digna émula de los bárbaros que gobiernan la Rusia, anhelan llevar a cabo contra nuestras organizaciones”. 

Actividad.
 
1) Analizá y texto e identificá las corrientes ideológicas del movimiento obrero.
2) Justificá la siguiente afirmación: "La oligarquía impidió por todos los medios posibles acabar con la organización de los trabajadores"



 

 



sábado, 17 de mayo de 2014

LAS MIGRACIONES TRANSOCEANICAS

LA GRAN INMIGRACIÓN

Durante el último tercio del siglo XIX, Argentina fue receptora de un constante flujo de inmigrantes, interrumpido solo por acontecimientos muy puntuales como la crisis de 1890 o la Primera guerra Mundial (1914-1918). Como consecuencia de la Revolución Industrial, casi 70 millones de personas abandonaron Europa. Cerca del 10 por ciento se radicaron en la Argentina.


Hotel de los Inmigrantes, Buenos Aires, 1912

¿Por qué vinieron? Se dieron una combinación de factores que determinaron los flujos migratorios. Por un lado, las condiciones dadas en los países de origen, denominados factores de expulsión: desocupación masiva, bajos salarios, crisis políticas, etc. Por otro lado, operaron los factores de atracción del país de destino: la Argentina ofrecía la promesa de abundantes fuentes de trabajo, salarios más elevados, educación pública para hijos de inmigrantes, y una sociedad dinámica donde el ascenso social era posible. Entre 1880 y 1914 la gran inmigración forjó en nuestro país una sociedad radicalmente nueva, transformando las estructuras sociales, económicas, políticas y culturales. Para 1914, casi la mitad de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires eran extranjeros.
En un principio, la población inmigrante fue esencialmente masculina y adulta; esto responde a las necesidades del mercado laboral. Recién en las primeras décadas del siglo XX, la relación entre hombres y mujeres inmigrantes comenzó a emparejarse. Si bien la población inmigratoria provenía de casi todas las naciones europeas, la gran mayoría lo hacía de solo dos países de origen: Italia y España. Como era de esperarse, la distribución geográfica de los extranjeros no fue pareja, concentrándose la gran mayoría en la región económica más dinámica: la Pampa húmeda. Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos congregaron el 87% del total de extranjeros. En las áreas urbanas, y sobre todo en Buenos Aires, la construcción, los frigoríficos y los medios de transporte proveían fuentes de trabajo alternativas a las áreas rurales.

EL CONVENTILLO, LA VIVIENDA DEL INMIGRANTE.


Como la producción de cereales y carnes para el mercado externo era más rentable a través de grandes latifundios, el acceso de los inmigrantes a la propiedad rural fue muy limitado. Los grandes terratenientes dividieron sus tierras en parcelas para ponerlas a producir. De este modo se establecía un contrato de arrendamiento: cada parcela era entregada a un inmigrante en alquiler para que la trabajara por un período de tiempo determinado (usualmente eran 2 años). Así, el inmigrante se convertía en un pequeño productor rural independiente que llevaba adelante las tareas agrícolas, pero no era propietario de la tierra que trabajaba. Esta imposibilidad de convertirse en propietario no favoreció en lo absoluto el establecimiento de población en el área rural.
En Argentina, el proceso de urbanización se encuentra estrechamente relacionado con el de la inmigración y con las condiciones del mercado de trabajo. El afincamiento de un trabajador y su familia dependía de una oferta de trabajo estable que el trabajo rural usualmente no se lo proporcionaba. Así, la ciudad se le presentaba al inmigrante como un hábitat posible y deseable para su radicación. Buenos Aires, y en menos medida Rosario, fueron las ciudades que mayor flujo de inmigrantes recibieron.
El crecimiento de la ciudad de Buenos Aires en este período fue vertiginoso, convirtiéndose en una gran ciudad. La expansión se produjo del centro hacia la periferia. La vivienda popular más difundida en el centro d la ciudad era el conventillo. Sus habitantes eran trabajadores poco calificados, que se desempeñaban en el puerto, en la construcción, o en fábricas y talleres artesanales. Cada familia tenía acceso a una habitación propia y debía compartir la cocina y el baño con otras. Hombres, mujeres, niñas y niños de diferentes edades solían usar las mismas habitaciones en un clima de hacinamiento y, a veces, de promiscuidad.
Con el correr del tiempo, se fueron extendiendo los recorridos de los medios de transporte y abaratando el costo de las tarifas. Así, cada estación de tren generaba un poblado, que más tarde daba lugar a un barrio. Esto se combinó con otro proceso: la venta de lotes de tierra en módicas cuotas, dando la posibilidad al inmigrante de abandonar el conventillo y acceder al terreno para la construcción de la vivienda propia. 

ACTIVIDAD: 
    
1) Utilizá el cuadro para calcular: a) Cantidad total de inmigrantes entre 1880 y 1930 - b) Diferenciá la cantidad de inmigrantes por nacionalidad en dicho período.
2) Describí las causas que impulsaron la emigración europea.
3) Identificá las zonas donde se establece la mayor parte de los inmigrantes y explica los motivos.
4) Elegí un barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, investigá en la web cuáles fueron sus orígenes y redactá un breve informe de tu investigación.

5) Observá la fotografía de un conventillo en Buenos Aires un siglo atrás y establecé una comparación con las viviendas de inmigrantes en la actualidad.

INMIGRACIÓN POR NACIONALIDADES 1857-1956

EXPANSION IMPERIALISTA DE FINES DEL SIGLO XIX

LA EXPANSIÓN IMPERIALISTA EUROPEA HACIA FINES DEL SIGLO XIX

Durante el siglo XIX varios países europeos iniciaron un proceso de expansión colonial. En este proceso las potencias capitalistas europeas ocuparon militarmente grandes extensiones de África y Asia y definieron “el reparto” imperialista del mundo. Las potencias coloniales europeas tomaron el control directo de las economías y los gobiernos de la mayoría de los países de Asia y África. Las autoridades locales fueron reemplazadas por funcionarios designados por los Estados coloniales europeos y las producciones económicas fueron orientadas para satisfacer las necesidades de las metrópolis.

 MAPA DEL IMPERIALISMO Y LAS COLONIAS 

Cecil Rhodes fue un político británico y propietario de compañías coloniales que justificó la expansión colonial como solución para aliviar el exceso de población que sufría el Reino Unido de Gran Bretaña y, a la vez, conquistar nuevos mercados. Los exploradores europeos precedieron a las ocupaciones coloniales. Uno de los más reconocidos fue el explorador inglés Henry Morton Stanley, quien recorrió la región del Congo, en África, y descubrió ríos, tierras y lagos desconocidos hasta entonces por los europeos.

La consolidación del capitalismo industrial permitió a las potencias europeas contar con recursos para movilizar tropas, crear un sector moderno de la economía y trasladar un importante número de funcionarios metropolitanos para controlar las nuevas posesiones coloniales en Asia y África.

En las nuevas colonias asiáticas y africanas, las producciones económicas basadas en la explotación intensiva de los recursos naturales fueron organizadas directamente por empresas europeas (que así se aseguraban la materia prima necesaria para la expansión del capitalismo industrial). El control político y el sometimiento de la población local permitieron a los europeos disponer de mano de obra abundante y barata. La ocupación de los territorios coloniales por parte de las potencias europeas provocó cambios que afectaron todos los planos de la vida de los pueblos que habitaban estas áreas. En unas pocas décadas, instituciones, formas de vida y organización del trabajo sucumbieron ante el avance europeo.

Los colonialistas impusieron una nueva territorialidad y delimitaron nuevos Estados sin tener en cuenta las historias de los pueblos locales ni las antiguas rivalidades que existían entre ellos. Las nuevas producciones económicas orientadas al mercado internacional alteraron la tradicional explotación de los recursos naturales que realizaban los pueblos nativos e impusieron el monocultivo. Al mismo tiempo, se extendieron las relaciones salariales y la monetización de las economías asiáticas y africanas.

El dominio colonial europeo acentuó los privilegios de las minorías locales a las que los europeos les confiaron el orden de sus colonias. En las sociedades coloniales, la mayoría de la población estaba formada por campesinos muy pobres y grupos de trabajadores asalariados.


ACTIVIDADES:

a) Explicá el significado de “expansión colonial” según el texto.
b) Identificá las causas y justificación que llevan a los países industriales a conquistar Asia y África.
c) Enumerá las consecuencias de este proceso en esos continentes

d) Explicá las estrategias que usan las metrópolis para controlar sus colonias.

sábado, 10 de mayo de 2014

EL MAE, MODELO AGROEXPORTADOR

EL MODELO AGROEXPORTADOR

Esta etapa en la economía de nuestro país tiene un punto de inicio difícil de definir. Comienza a delinearse a principios del siglo XIX y hacia 1853, con la formación del estado nacional, se acentúan sus características alcanzando hacia 1880 su consolidación definitiva. Lo que está fuera de dudas es que su final se produce en 1930 cuando la crisis capitalista desestructura el sistema económico mundial y las zonas de la periferia comienzan un proceso de desarrollo.
En este período la producción industrial se generalizó como modo de producción dominante en Europa y Estado Unidos. Este proceso desbordó los países que lo impulsaron y se proyectó hacia el resto del mundo. La concentración y centralización de la producción en estos países los condujo al imperialismo ante su necesidad de organizar la economía mundial.
Extensos territorios del planeta fueron incorporadas al mercado mundial como regiones periféricas productoras de materias primas y alimentos; y consumidoras de las manufacturas europeas de acuerdo a la división internacional del trabajo. Los países centrales canalizaron hacia las zonas más aptas para la producción de alimentos excedentes demográficos y de capitales. En este sentido la expansión imperialista no sólo aseguró el dominio del mundo a los países capitalistas, sino que evitó su propia destrucción.
La  integración del nuevo estado argentino con los países centrales produjo su inserción en el mercado mundial como productora de materias primas, induciendo a un rápido crecimiento económico del país, asociado a las necesidades del mercado británico.
 Para realizar su adaptación a los requerimientos de las naciones industriales recibió grandes contingentes de inmigrantes y capitales. La inmigración procedente sobre todo de España e Italia, ante la dificultad para de acceder a la tierra, se instaló en las zonas portuarias del litoral. Los capitales no se volcaron a la producción directa, sino a la creación de una infraestructura de transportes (ferrocarriles y puertos), al control del sistema de comercialización, y al financiamiento del Estado nacional.
La inversión local se orientó a la producción, facilitada por una política de entrega de tierras fiscales a manos de grandes terratenientes. De esta manera la acción de los inversores locales, la de los inversores extranjeros y el eficaz funcionamiento del Estado, permitieron un rápido crecimiento de la producción del litoral. El desarrollo de la agricultura y la aparición de la industria frigorífica marcaron esta etapa.
Como efecto de este crecimiento se produjo un rápido desarrollo urbano en el litoral, donde se concentraron plantas de producción primaria y se desarrollaron industrias manufactureras que comenzaron a sustituir algunas importaciones.  Esta expansión económica se tradujo en un aumento del comercio exterior con saldos favorables para la Argentina. El control británico de los transportes y la comercialización externa, y de los préstamos que recibía el Estado, se tradujo en un estrechamiento de las relaciones financieras y una gran sensibilidad a las fluctuaciones económicas de la metrópoli.
La región productora del litoral se expandió con el corrimiento de la frontera indígena hacia el sur de Buenos Aires y la incorporación de Entre Ríos, Santa Fe  y Córdoba. Los desequilibrios entre el interior y el litoral se acentuaron. Sin embargo, la extensión de la red ferroviaria acerco los mercados del interior a Buenos Aires.
EL proceso de expansión fue conducido por la oligarquía terrateniente que consolidó su hegemonía interna y se convirtió en intermediaria entre los estímulos externos y el sistema nacional,  donde conservó el control del proceso productivo e incorporó a nuevos grupos sociales, las clases medias al sistema de dominación de la oligarquía.
Durante el período 1852-62 el enfrentamiento entre Buenos Aires y la Confederación donde parecía que el interior y el litoral porteño podían disputarle el poder a Buenos Aires, concluye con la victoria de Mitre en Pavón y la unificación nacional. Las presidencias entre 1862- 1880 consolidaron el poder del Estado nacional gestando una alianza con las oligarquías provinciales, en un papel subordinado, que se consolidó a partir de 1880.
En este año se conformó el Partido Autonomista Nacional que canalizó las tensiones políticas internas de la oligarquía durante veinticinco años. El Estado actuó como redistribuidor del ingreso nacional en beneficio de los sectores dominantes pero sin alterar la situación de las provincias. El desarrollo de la burocracia estatal permitió emplear a los decadentes sectores dominantes del interior.
La dinámica con que opera el sistema socioeconómico agroexportador genera un efecto de expulsión de población desde las zonas no privilegiadas. El singular trazado de las líneas de ferrocarril orientó el flujo migratorio interno que se sumó al proceso migratorio externo reforzando el esquema de concentración de población. El período se caracterizó por un acentuado desequilibrio demográfico manifestado en el crecimiento de los núcleos urbanos de la región litoral que actuaban como vinculo con el resto del mundo.
Las principales unidades geográficas receptoras de flujos migratorios internos son las del litoral (Capital Federal, Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe) y Córdoba. Es decir, existe un polo central de atracción que es la región vinculada a la división internacional del trabajo,(productora de lana, cereales y carnes) y polos secundarios, que constituyen los núcleos en donde los sectores dominantes locales han conseguido consolidar alianzas con el poder central para mantener procesos productivos regionales orientados a abastecer el mercado interno, Tucumán y Mendoza (azúcar en la primera, vino en la segunda), el resto de las regiones interiores quedaron atrasadas y empobrecidas como consecuencia de un proceso de declive iniciado con el quiebre del mundo colonial y agudizado con la implementación del modelo agroexportador.
La inmigración masiva duplicó a la población manifestándose un fuerte predominio de extranjeros. En los centros urbanos del litoral se concentraron las actividades secundarias y terciarias (manufacturas y servicios) con un fuerte incremento de la burocracia estatal. En el sector rural la colonización y el arrendamiento crearon un estrato intermedio entre la polarización estanciero-patrón. Estos grupos de clase media tenían en común su condición de marginales en el sistema político. Las tensiones se caracterizaron por el intento de estos sectores de incorporarse a una sociedad que consideraban legítima y llena de posibilidades.
Ni la protesta rural ni la protesta urbana se vincularon con el movimiento político de las clases medias que se expresó en el programa de la Unión Cívica radical que promovía el sufragio universal y la vigencia de la constitución. Luego de una obstinada resistencia la oligarquía comprendió el riesgo que implicaba mantener el control exclusivo del Estado y sancionó, en 1912 la ley de sufragio universal.
El triunfo del radicalismo amplió el sistema del poder incorporando a vastos sectores a la vida política de acuerdo a las pautas europeas pero no alteró las bases del poder, respeto los intereses agropecuarios y el modelo agroexportador. Sólo la crisis de 1930 llevó a la crisis definitiva del sistema político y del modelo económico.
El rol del Estado fue de suma importancia para el desarrollo de este modelo. Sus funciones se concentraron en la unificación y organización del Estado asegurando el orden interno apoyado en la fuerza militar; incorporó vastas extensiones de tierra que fueron entregadas al sector terrateniente, canalizó el crédito externo de acuerdo a las necesidades de los grandes productores agropecuarios y estimuló el proceso exportador ante la necesidad de recaudar fondos mediante el sistema aduanero.
La política económica fue liberal evitando la interferencia en la actividad privada. Esta característica del estado impulsó su modernización promoviendo la educación, la separación de la Iglesia del Estado mediante la creación del registro civil y una legislación laica.

ACTIVIDADES:

1)                  Analizá el siguiente cuadro y respondé: ¿Cómo evolucionaron los productos agropecuarios durante el M.A.E.?  



LLa incorporación del ferrocarril al M.A.E

a)    ¿En qué sentidos fue creciendo la red ferroviaria?

b)    ¿Qué relación podés encontrar con el modelo agroexportador?

c)     ¿Qué regiones se vieron favorecidas por la expansión de la red ferroviaria?

d)    Según la lectura del texto ¿quiénes eran los dueños de los ferrocarriles?

e)    ¿Qué ventajas ofrecía poseer el control de los ferrocarriles?

f)     ¿Por qué se afirma que la red ferroviaria acentuó las migraciones internas?

3)  A partir de la lectura de los cuadros respondé:

a)      ¿Qué regiones se vieron favorecidas por la llegada de inmigrantes?
b)      ¿Por qué causa se produjo la concentraron en estas regiones?
c)       ¿Qué factores desequilibraron la distribución de la población urbana y rural

Distribución geográficas de la inmigración externa.

Zonas

1861-70
1891-1900
1911-20
Capital
33
34
27
Litoral
62
58
58
Noroeste
3
3
4
Nordeste
0
1
2
Resto del país
2
4
9

100 %
100%
100%
Fuente: Cortes Conde y otros. Inmigración y desarrollo económico. Bs.As. 1961
Población urbana y rural.

Año
Urbana
Rural
1869
28,6
71,4
1895
37,4
62,6
1914
52,7
47,3
Fuente: Censos nacionales de 1869, 1895 y 1914.

Analiza el texto y respondé las siguientes consignas:

  1. Definí el concepto de Modelo Agro-exportador
  2. ¿Qué motivos impulsan el desarrollo del Modelo Agro-Exportador en la Argentina?
  3. ¿Cómo se conforma el grupo dominante durante esta etapa?
  4. ¿Qué características tiene el Estado durante este período?
  5. ¿Por qué motivo el M.A.E llegó a su fin?


LA GENERACIÓN DEL 80

A partir de la presidencia de Roca fue ganando importancia un grupo de hombres, identificados posteriormente como la Generación del 80. Este grupo le dio contenido ideológico y político a esta época de la historia argentina, llena de transformaciones en todos los sentidos.

Eduardo Wilde, Lucio V. Mansilla, Miguel Cané (h), Eugenio Cambaceres, entre otros, fueron protagonistas - desde el gobierno, el libro o el periodismo -  de una labor que dejó en claro un modelo de país agroexportador, estrechamente vinculado al mercado inglés y permeable a la inmigración.

Liberales-conservadores, creían que el manejo de los asuntos políticos se reservaba a una elite, a una minoría poseedora del saber y de la riqueza. Para poder entenderlos, cabe destacar el siguiente ejemplo. Cuando a Eduardo Wilde le preguntaron qué opinaba del sufragio universal, respondió que "es el triunfo de la ignorancia universal".

Hubo entre los hombres de la generación del 80 espíritus religiosos y no religiosos, predominaron y ejercieron mayor influencia estos últimos. El amor a la riqueza y el orgullo de sentirse aristócratas decoró a la modesta Buenos Aires con las infinitas vanidades que movían a las burguesías ricas de Londres o Paris. La construcción del edificio del teatro Colón, proyectado por el gobierno de Juárez Celman, simbolizó las preocupaciones por el goce estético  en el más alto nivel de lujo.
TEATRO COLÓN INAUGURADO EL 25 DE MAYO DE 1908

Herederos de padres ilustres, creyeron merecer no sólo el prestigio que rápidamente conquistaron, sino también la dirección política del país. Quizá fuera por eso que sus integrantes supusieron que pertenecían a una clase superior de aquella formada por los que buscaban la riqueza por medio del trabajo. Poco a poco, se sintieron los elegidos; fueron los aristócratas, en una sociedad donde comenzaban a diferenciarse profundamente las clases económicas.

Esta generación fue un fenómeno cultural trascendente, fruto de la política educacional liberal. Sus hombres oscilaban en los 30 años de edad  y se formaron en los Colegios Nacionales, lo que les permitió pertenecer a los grupos privilegiados convirtiéndose en ilustrados a la europea y aptos para integrarse a la política, a la burocracia y al ejercicio de las profesiones liberales ocupando los mejores cargos.

POSITIVISMO: CIENCIA Y EDUCACIÓN
Sin trabas morales para sus ambiciones dejaron de lado los principios éticos de sus antecesores y las costumbres tradicionales, creando un nuevo estilo de vida. Aprovecharon los empréstitos, los juegos de la Bolsa, el hipódromo y los naipes que se hicieron sus costumbres y le otorgaron dinero fácil que les permitió acceder al despilfarro, a las viviendas más suntuosas, a la vestimenta europea y gozar de todos los lujos.

El positivismo fue su filosofía: orden y progreso. Progreso significó crecimiento y modernización.Tenían la firme creencia en que los avances de la ciencia traerían consigo el progreso sin fin. Orden consistía en crear las condiciones de tranquilidad en las cuales debía encontrarse el pueblo para permitir la proyección del progreso sin pausa.

Con ellos comenzó la corrupción, un fenómeno nuevo en el país, salvo algunos pocos casos anteriores. Esta generación fue ajena al sentir nacional, inescrupulosa, dilapidó la riqueza de la Nación empobreciendo al país y exaltando como únicos valores culturales los propios de Europa, logrando también imponer en el país el respeto sagrado al capital extranjero.

EL PROYECTO DE LA GENERACIÓN DEL 80

El proyecto de la Generación del ochenta fue reordenar y modificar desde sus bases la sociedad argentina. Una generación de ideas liberales, europeísta, ansiosa por dejar atrás un pasado "bárbaro" y que, sin embargo, no pudo romper con al antigua base de la economía, la tierra.

Este proyecto se orientó sobre los siguientes objetivos: La federalización de Buenos Aires; La Campaña al Desierto y; La consolidación del Estado nacional y la inserción en la economía capitalista mundial como productores de materias primas.
JULIO ARGENTINO ROCA Y BARTOLOMÉ MITRE
El Presidente que inició este período fue Julio A. Roca, quien movió los hilos políticos del país: era un conservador pragmático, hábil y astuto. La fuerza electoral y la base política de esta generación, hábilmente manejada por Roca, fue el P.A.N. (Partido Autonomista Nacional) que era una alianza de dirigentes de todo el país cuya estrategia consistió en equilibrar las fuerzas del interior frente al avance del porteñismo.

A Roca y sus sucesores les interesaba legitimar el poder e imponer la pacificación. Se necesitaba un Estado director y gestor de la legislación transformadora, en todos los órdenes. Se impone una laicización del Estado: ley de Registro Civil, Matrimonio Civil y de Enseñanza laica (ley 1420), creación de tribunales de la capital, código de procedimiento en lo civil, Banco Hipotecario Nacional, organización de los territorios nacionales, ley de la consolidación de la deuda pública.

Se impone el oficialismo y el Estado es quien reparte cargos formando a su alrededor una especie de clientela política. En consecuencia, el sostén del P.A.N. se basaba en la corrupción electoral (fraude y falsificación del voto). El P.A.N .retuvo por estos medios el poder desde 1880 hasta 1916.

LA REPUBLICA CONSERVADORA 1880-1916

1880 – 1916 LA REPUBLICA CONSERVADORA

Desde la segunda mitad del siglo XIX, los países europeos industrializados comenzaron a demandar productos agropecuarios, cuyo traslado se vio abaratado por los avances de los medios de transporte. Así se produjo una distribución del papel que cada economía cumpliría en el comercio internacional: algunos países se harían cargo de la producción industrial, mientras que otros se especializarían en las materias primas. A esta distribución se la denominó división internacional del trabajo.

Esta división fue sustentada por el liberalismo, doctrina económico- política que se impuso en Europa a partir de mediados del siglo XIX. Entre otras cosas, la economía liberal proponía la supresión de las trabas aduaneras del comercio internacional. La decisión política de comerciar libremente los productos posibilitó la división internacional del trabajo.

Argentina se insertó entre los países proveedores de materias primas y receptor de capitales, manufacturas e inmigración. En ciclos sucesivos nuestro país produjo y exportó: lana, trigo, carne y cereales. Por esta razón hablamos de un modelo agroexportador, cuyo desarrollo se produce entre 1850 y 1880, y vive su apogeo entre 1880 y 1914. Para sustentar este modelo, fueron necesarias obras de infraestructura, mano de obra e insumos industriales. Y al mismo tiempo, era necesaria una figura política con la fuerza suficiente para imponer desde el gobierno los intereses de los grandes terratenientes.

Así, en 1880, el Colegio Electoral impuso a Julio Argentino Roca como presidente de la Nación. Roca poseía una larga trayectoria como militar, habiendo participado de la represión de las rebeliones producidas en el interior del país, en la Guerra del Paraguay, y había conducido la “Campaña del desierto”, en la que se sometió a los pueblos originarios del sur de La Pampa y de la Patagonia.

Roca dejó el camino allanado para entregar las tierras a los nuevos propietarios, a los que ya había sido asignada antes de la operación militar mediante la suscripción de 4.000 bonos de 400 pesos, cada uno de los cuales dio derecho a 2.500 hectáreas. Un total de diez millones de hectáreas, en consecuencia, fueron vendidas por el Estado a comerciantes y estancieros bonaerenses en forma previa a la conquista de las tierras. El excedente obtenido, en lotes de a 40.000 hectáreas cada uno, fue rematado en 1882 en Londres y París, dando lugar así a la aparición de los primeros terratenientes de esos orígenes en los campos argentinos.

"Las tierras que aún quedaban en manos del Estados fueron utilizadas, en 1885, para cancelar las deudas acumuladas con los soldados desde 1878, pero tanto los oficiales como la milicia necesitaban efectivo y terminaron malvendiendo sus partes a los mismos que habían sido los financistas primitivos, de manera que toda esa superficie pasó a manos de 344 propietarios a un promedio de 31.596 hectáreas cada uno."

Apropiación de la tierra a los aborígenes y genocidios en el Río de la Plata", Fernando Del Corro.

Roca llegó a la presidencia representando al Partido Autonomista Nacional (P.A.N.), donde se nucleaban las clases dirigentes de las provincias del interior del país, quienes se encontraban enfrentados con los representantes de los intereses de la provincia de Buenos Aires. A partir de su ascenso al poder, las minorías dominantes dieron por terminadas sus disputas internas y aceptaron el plan que el presidente consignó en dos palabras: “Paz y administración”. 

Así evitaron los conflictos políticos mediante prudentes arreglos y se dedicaron a promover la riqueza pública y privada. Muy pronto las minorías adquirieron el aire de una oligarquía preocupada sólo por sus intereses y privilegios. A medida que el número de inmigrantes crecía, la oligarquía estrechaba sus filas.

El régimen conservador dispuso de una serie de mecanismos a través de los cuales garantizaba su permanencia en el poder y su funcionamiento. Le otorgó suma importancia al control de la sucesión política (presidente, gobernadores y senadores) cuyo fin era impedir que alguno de esos cargos fuera ocupado por miembros de sectores opositores. El control del colegio Electoral y el fraude fueron los mecanismos  utilizados para garantizar esa continuidad.  El voto “cantado” daba lugar a la intimidación y la violencia en los comicios,  y aseguraba los resultados deseados por el partido dominante.

LAS LEYES LAICAS

El gobierno resolvió encarar transformaciones en el ámbito institucional, tomando como modelo a los países europeos liberales. Esto generó apasionados y violentos debates. En 1884 se aprueba la ley de creación del Registro Civil, por la cual se encomendaba al Estado el registro de las personas, confiado antes a la institución eclesiástica. 

Ese mismo año, se promulgó la Ley de Educación Común, que establecía que la educación primaria era obligatoria, laica y gratuita. Esto posibilitó la alfabetización de miles de niños, incluyendo a los hijos de inmigrantes. A la vez, su carácter de laica implicaba la imposibilidad de impartir educación religiosa en la escuela pública. Un año más tarde se consagró la Ley de Educación Superior, garantizando la autonomía universitaria frente al poder estatal. Unos años después se estableció el matrimonio civil, con lo que el proceso de renovación institucional quedaba concluido.

Lógicamente que estas medidas, siguiendo los preceptos del liberalismo, propiciaron la separación de la Iglesia y el Estado; situación que provocaría la ruptura de relaciones diplomáticas con el Vaticano por algún tiempo. Por otro lado, le aseguraba al gobierno un centralismo administrativo que el Estado debía garantizar. Pero también quedaron desde entonces divididas las clases tradicionales en sectores ideológicos: liberales por un lado, y católicos por otro.